viernes, 19 de octubre de 2012

LA VELOCIDAD DE UNA FLECHA EN EL CORAZÓN



La velocidad de una flecha depende del arco, del material que está elaborado, si el estado físico del material es tenso, con una dureza elástica fuerte, las flechas al salir disparadas pueden ir como un saeta violenta muy ligera, incluso puede rasgar el aire, romperlo en partículas a su paso y dejar esquirlas del viento roto disgregado en todas direcciones. Una flecha con una punta con un buen acabado final de afilado y amolado, marchando a una velocidad de 250 Km/h podrá atravesar inevitablemente lo que consiga a su paso, bacterias, insectos, pequeñas cortezas de polvo y hasta a la misma luz podrá darle un corte perfecto y limpio. 

Si el hilo de despedida del disparo esta hecho de un material blando, lógicamente ira más despacio y hasta un insecto podrá rebotar y sobrevivir a su embestida desfavorable, el alcance puede ser quebrado y su blanco inútil, una tragedia insultante para el interprete o arquero. . 

Sin embargo, este disparo certero, planificado y con pericia, tendrá que tener otros motivos del material de la cuerda, su poder de tracción, calentamiento, estiramiento y de la energía inducida para catapultar con gran precisión el disparo soñado o anhelado. 

Entre estos parámetros coexisten: la postura del arquero, la mirada donde pongo el ojo pongo la flecha, las fuerza muscular tiene que ser muy activa, la posición de los dedos y de las manos debe ser muy municiona y tenaz, sin temblores, la posición de la cabeza debe ser eximida, el cerebro debe convertirse en un botón accionado para todo el cuerpo, los nervios deben de ser de acero puro, la altura del arco debe ser primordial y meticulosa, la nobleza de su estado físico, la robustez de su construcción y la fortaleza para soportar la jalada de la cuerda para la catapulta. 

Algunos Arcos suelen ser nobles y tienden a arraigar energía al doblarse un poco para afincarse con la cuerda de disparo, esto hace un engatillamiento honorable, arco y flecha se fusionan como esposo y esposa y con gran poder aceleran un proceso contundente y victorioso al disparar, el blanco será justificado y exacto, no habrá falla alguna y este anudamiento será recompensado con un éxito máximo y apreciable. 

Si el arquero es del genero de los domésticos podrá disparar una flecha entorno a los 150 km/h, si es regular o máster podrá catapultar a los 230 - 280 km/h y si es un profesional más de 280 km/h. Una persona que logre impulsar los 350 km/h seria bestial, y por último, inducir una flecha a la velocidad de Smith & Wesson Modelo 500, cuya dispara una bala de 26 gramos a 549 m/s o 1976 km/h, seria heroico, creo que ningún hombre lo lograría en el planeta, es imposible. 

Una flecha disparada a la velocidad de Smith & Wesson Modelo 500 traspasaría a un cuerpo humano, justo en su corazón limpiamente, el receptor no sabrá ni cuando la puntiaguda rama mortal le atravesaría, no rasgaría su carne ni un apéndice y al salir solo le dará un suave coletazo con su pluma timonera, incluso el delizarse entre la carne y tendones del recibiente, el tal sentirá un pequeño golpe sin rebotes o vibraciones, cuyo le produciría un infarto letal instantáneo, cerraría sus ojos y caería de bruces en manera violenta, mordería el polvo en segundos y quedaría yacente para no levantarse de nuevo. 

En los juegos olímpicos pasados la mayor velocidad alcanzada por una flecha fue de 240 km/h. 

Cley ha logrado la velocidad de una flecha disparada a la velocidad de la Smith & Wesson, Modelo 500 en mi corazón, su impacto ha logrado traspasarlo limpiamente y ha creado en sus fibras todo un amor tan intenso que me ha hecho caer de bruces ante ella y morder el polvo de su ternura… Qué hermoso y digno fue ser interceptado por la flecha de mi cupida Cley, es lo mejor que me ha sucedido…

Tan sencilla e ideal como la flor más primorosa de una primavera interminable, fogosa, ardiente como el sol del verano, dulce como las cristalinas aguas de un manantial de otoño, fresca como el amor y sus virtudes y certera como una flecha., así es Cley, siempre, siempre, siempre... 

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